15 junio, 2010

Aita

Papá, que era escritor, siempre me dijo que sentimientos como la tristeza, melancolía o nostalgia eran los únicos capaces de alimentar buenos textos. Y yo, tonta de mí, me sigo pellizcando cada vez que intento vaciar mi alma delante de un folio blanco. Pero es un dolor artificial, que no desemboca en ninguno de los sentimientos mencionados. Es más una mezcla de rabia y frustración la que se puede llegar a provocar, sin que salga nada digno de leer de ahí.

Papá era un romántico de los pies a la cabeza, pero no un romántico de esos que asociamos al amor, sino un romántico del romanticismo literario puro del siglo XIX, de esos que se revolcaban egoístamente en su propia mierda mientras se metían mierda también por cualquier lado. Yo siempre quise acercarme a una vertiente más social, a una escritura que sirviera a cualquiera, hablar de problemas, inquietudes, dudas universales, mas no logré desprenderme de la turbia influencia que papá dejó en mí.
Papá me enseñó a moverme por los ambientes más bohemios de Madrid. Me enseñó a no avergonzarme de su nombre, del apellido que tenemos en común. Todos los que frecuentan esas tascas (papá prefería llamarlos cafés) lo conocen, y me es imposible deshacerme de su sombra. He aprendido a convivir con ello, aunque sigo sin entender a qué se debe tanta admiración por él.

Papá era egoísta, egoísta como sus textos, fueran prosa, fueran verso.

Ingenuos… Vosotros no conocéis a papá.

14 junio, 2010

COSAS

Y ahora que estoy oficialmente de vacaciones, no sale el sol. ¡No sale el sol! Eso significa quedarse más tiempo de lo deseado en casa, lo que a su vez conlleva discutir más con ama. Hoy ya llevamos como una docena de gritos y cuarenta malas caras. Y cuando me decido a pasar de todo y dejar correr el aire, mi pasividad la molesta aún más. Con esta mujer no hay quién acierte y yo ya rozo la desesperación.

Por lo demás, me siento ligera y libre. Ligera en el sentido de que se acabó el cargar con libros y cuadernos de un lado para otro; libre en el sentido de que de ahora en adelante seré yo la que decida qué es útil y qué no, qué merece la pena guardar en mi cabeza y qué no. Hice la selectividad la semana pasada y también mis exámenes del first. Dos pájaros de un tiro. Ahora a esperar resultados para empezar a mirar universidades, alojamiento y todas esas cosas de las que no pienso escribir hoy.

Para celebrar el fin de exámenes, el viernes fuimos a Bilbao al teatro. Disfrutamos de una adaptación de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, diferente donde las haya. Fue protagonizada por un grupo de mujeres gitanas sin alfabetizar y, sinceramente, me encantó. Me reí y me emocioné, todo a la vez. Y la música preciosa. Y la iluminación buena también.


El sábado ya llegó la celebración oficial de la libertad, con una juerga que acabó digamos que muy tarde. O muy temprano, según por dónde se mire. Risas, más risas y alguna que otra foto, que no se yo si serán publicables.

Llega el domingo, seis de la tarde. Ambiente tenso en el bar: la Real Sociedad sale al campo a jugarse su ascenso a primera división. Nervios, gritos, goles, el txuri urdin, alegría, aplausos y un calimocho para celebrarlo. AURTEN BAI! Volvemos a donde merecemos estar.

¡Y esta semana me compro sin falta las entradas para disfrutar de Andrés Calamaro el 4 de Septiembre en el Kursaal! Ya me veo cantando Estadio Azteca desde mi butaca. Pinta muuuuuuuy bien ;)